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Matorrales de plantas aplastadas de centeno
podrían ayudar a las plantas de soya a competir mejor contra las
malezas, reduciendo la necesidad de usar herbicidas. Imagen cortesía de
Adam
Davis, ARS.
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Investigadores usan el centeno para controlar las
malezas
Por Jan Suszkiw
27 de julio 2007 En vez de labrar los campos de
cultivos para perturbar el desarrollo de malezas -- y correr el riesgo de
perder el suelo a la erosión -- los cultivadores de soya orgánica
deben tomar en cuenta los estudios del Servicio de Investigación
Agrícola (ARS) en Urbana,
Illinois.
Allí, el ecólogo del ARS
Adam
Davis está experimentando con un sistema de cero labranza que
incluye el aplastamiento de los tallos del centeno, los cuales tienen hasta 7
pies de altura, en capas vegetativas densas que protegen el suelo y impiden el
crecimiento de malezas tales como la gigante cola de zorro para que las plantas
de soya puedan crecer sin competencia. Davis también imagina la
utilización de la cobertura aplastada de centeno como parte de un
enfoque integrado de control de malezas.
En dos años de estudios de campo realizados por Davis cerca de la
Unidad
de Investigación del Manejo de Malezas Invasoras, mantenida por ARS
en Urbana, las soyas cultivadas en los campos de centeno aplastado produjeron
un promedio de 40 bushels (2005) y 33 bushels (2006) de semillas por acre. Las
parcelas de soya cultivadas con cero labranza pero sin centeno aplastado, y
tratadas con glifosfato de concentración completa o de la mitad,
produjeron casi 50 bushels por acre.
Los cultivadores de soya orgánica renuncian el uso de herbicidas y en
su lugar confían en la labranza y otras medidas de cultivo para
controlar malezas. Pero tales medidas pueden requerir 10 viajes al campo de
cultivo, los cuales aumentan los costos de combustible y de mano de obra. La
práctica de establecer un cultivo de centeno en el otoño y
aplastarlo a fines de mayo permite a los cultivadores a hacer sólo un
viaje al campo. Esto es porque las malezas son suprimidas antes y
después de que la cosecha se aplasta.
La clave a este enfoque es un enrollador especializado con cuchillas
múltiples que se atajan al frente y detrás de un tractor.
Mientras el tractor se mueve a través del campo, el enrollador aplasta
los tallos de las plantas de centeno en una capa de abono vegetal de dos
pulgadas de grueso. Un sembrador que acompaña el enrollador entonces
deposita semillas de soya en el suelo, eliminando la necesidad de labrar.
Davis se enteró de los enrolladores, diseñados por
científicos en el Instituto
Rodale en Kutztown, Pensilvania, mientras realizando investigaciones
postdoctorales con Dale Mutch en 2004 en la Estación Biológica de Kellogg
mantenida por la Universidad Estatal de
Michigan en Hickory Corners. Allí, las soyas orgánicas
cultivadas en abono vegetal del centeno aplastado o del vezo piloso aplastado
rindieron de 58 a 62 bushels por acre en suelos francos arenosos.
Davis se incorporó a la unidad del ARS en Urbana en 2005 y
amplió el trabajo comenzado en Michigan para incluir soya
convencionalmente cultivada.
ARS es la agencia principal de investigaciones científicas del
Departamento de Agricultura de EE.UU.