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Las células
grasas más pequeñas que vienen de ratones con peso normal
(arriba) tienen menos macrófagos (mostrado como áreas con bordes
oscuros) comparadas con las células grasas de ratones obesos (abajo).
Los macrófagos limpian las células grasas muertas y, durante este
proceso, pueden emitir sustancias químicas inflamatorias.
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Las células grasas envían
señales para rescate al nivel molecular
Por
Rosalie Marion Bliss
3 de marzo 2006
Científicos han sabido que las células inmunes son
responsables por la mayoría de las sustancias químicas
inflamatorias que son lanzadas dentro del tejido graso pero ellos no han
sabido por qué. Ahora un estudio publicado por científicos
financiados por el Servicio de Investigación Agrícola (ARS) muestra que los glóbulos blancos
en la sangre, llamados macrófagos, aparentemente se apresuran a las
células grasas muertas para eliminarlas, de la misma manera en que
rodean una astilla en la piel.
El estudio, escrito por el médico
Andrew
Greenberg, el biólogo de células Martin Obin y sus colegas,
fue publicado en la revista 'Journal of Lipid
Research' (Revista de Investigación de Lípidos). Ambos
científicos trabajan en el
Laboratorio de
Obesidad y Metabolismo, el cual es parte del
Centro
Jean Mayer de Investigación de Nutrición Humana sobre
Envejecimiento en la Universidad Tufts en Boston, Massachusetts. El centro
es mantenido por el Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA por sus siglas en inglés).
Los investigadores encontraron que cuando la gente aumenta peso, las
células grasas gradualmente se ponen grandes y eventualmente se
descomponen y se mueren. Cuando la obesidad continúa por un
período de tiempo, un ciclo ocurre en el cual las nuevas células
grasas se forman para almacenar más grasa, y luego alcanzan su
tamaño máximo y por fin mueren. El estudio mostró que
más de 90 por ciento de los macrófagos en el tejido graso de los
ratones y los humanos obesos se encuentran alrededor de las células
grasas muertas. Adicionalmente, cuando las células grasas se ponen
más grandes, la cantidad de macrófagos aumenta proporcionalmente.
Ya que la grasa no se disuelve en la sangre, los autores teorizan que
el sistema inmune esencialmente está secuestrando las células
grasas muertas y absorbiendo los lípidos sobrantes y los restos
celulares. Durante este proceso, los macrófagos pueden emitir cantidades
potencialmente dañosas de sustancias químicas inflamatorias.
En un escenario del rescate molecular que salió mal, los
hallazgos nuevos podrían explicar cómo las células grasas
extendidas, como se encuentra con la obesidad, promueven problemas de salud
relacionados a la obesidad, tales como la resistencia a insulina, la diabetes o
la enfermedad cardiaca.
Lea
más sobre esta investigación en la revista 'Agricultural
Research' de marzo 2006.
ARS es la agencia principal de investigaciones científicas del
USDA.